
El Torreón de la Reina
estaba considerado dentro del esquema defensivo del Real Felipe,
al igual que el del Rey,
como una fortaleza dentro de la fortaleza.
Los torreones tenían una doble misión; eran los puntos fuertes
por la concentración de la artillería que podía disparar a los
360 grados de dirección y a la vez podían aislarse del resto de
la fortaleza. Si acaso los enemigos lograban entrar en el recinto
principal, los torreones cerraban sus puertas y elevaban los
puentes de acceso a los mísmos, pudiendo entonces continuar la
lucha contra los atacantes y conseguir desalojarlos.
Para este fin el Torreón de la Reina estaba equipado con
depósitos de municiones, provisiones y hasta tenía su propio
pozo de agua (hasta la actualidad tiene agua). Uno de los
detalles interesantes es el calabozo, de forma semicircular,
donde apenas podían estar de pié los detenidos y así parados y
en una oscuridad casi total pasaban todo el tiempo. En el medio
del semicírculo estaba la sala de la guardia donde funcionaba un
curioso sistema de "inteligencia" de esa época; unos
agujeros en la pared comunicaban con el calabozo y permitían a
los soldados escuchar cualquier comentario que hicieran los
presos y aprovechar inmediatamente esa información. Los agujeros
tenían una forma especial redondeada que evita el paso de la luz
y que uno se de cuenta que lo están escuchando.
En un principio el Torreón de la Reina tenía dos niveles con plataformas de cañones, pero fue modificado en la época de la Guerra con Chile (1879-1883) para contribuir a la defensa del puerto del Callao, eliminándose el nivel superior y preparándose cuatro plataformas para cañones giratorios Vavaseaur, uno de los cuales todavía existe en el museo.

El Torreón de la Reina en una foto de la Guerra con Chile; nótese el emplazamiento del cañón Vavaseaur.